41 años de la tragedia que sacudió a Río Turbio y Puerto Natales

Eran las 15.40 horas del domingo 11 de mayo de 1975 cuando una violenta sacudida y lejanos ruidos se hicieron sentir en el exterior de la Mina 4, en Río Turbio, República Argentina, localidad cercana a la ciudad de Puerto Natales, presagio de que una desgracia ocurría en el interior de las galerías.
No se tardó en tener comunicación con los jefes de turno en el interior, quienes señalaron que en el chiflón número 2 de la Mina 4 se había producido una violentísima explosión, que cubrió más de 300 metros en su radio de acción, lanzando rocas, herramientas y elementos de trabajo a larga distancia. Allí quedaron atrapados varios trabajadores confundidos en un ambiente enrarecido y de fuego, mezclado con gritos de dolor y de auxilio.

Se comprobaron tres muertes inmediatas: Juan Miranda Paredes, chileno, casado, 29 años, de profesión mecánico; José Paredes Toledo, natural de Maullín, quien trabajaba anteriormente como locomotorista, soltero. La tercera víctima fue Benjamín Segundo Vargas Barrios, soltero, de 27 años, peón minero, con domicilio en calle O’Higgins 1052, en Puerto Natales.
Con graves quemaduras, lesiones internas y fracturas fueron internados en el hospital de Río Turbio los mineros Angelino Hernández Soto, casado, tres hijos, con residencia en ese mineral; Egidio Sosa, argentino, muy grave y Nicolás Vicente Cáceres, argentino residente en la villa.

 Atrapados y sin esperanza de vida

Como la onda explosiva abarcó un amplio campo en el interior de las galerías y se sucedieron pequeños desprendimientos, varios mineros quedaron atrapados muy al interior, por lo que no existían esperanzas de vida para los siguientes operarios, pertenecientes a la división de explotación: José Luis Marihueico Oyarzo, casado, padre de cuatro hijos, capataz del frente en el cual se trabajaba y radicado en Río Turbio; Osvaldo René Cárdenas Cárdenas, soltero, domiciliado en Latorre 59, Puerto Natales; José Moisés Vera Cárdenas, soltero, oriundo de Calbuco, domiciliado en O’Higgins 779, Puerto Natales; José Nibaldo Huentén Huentelicán, soltero, 30 años, domiciliado en la minera y José Cárcamo Vargas, natural de Calbuco.

El sitio en que quedaron atrapados estos cinco mineros era de difícil acceso, por lo que se debió utilizar una estrecha vía, que no era la principal y desde allí se trabajó perforando tratando de llegar hasta donde estaban los atrapados.

Las acciones de rescate fueron muy difíciles ya que una atmósfera amenazante seguía encerrando el chiflón de la Mina 4, que incluso podía volver a explotar.

Fuentes oficiales informaban que las tareas podrían demorar entre 50 y 70 horas y con nulas esperanzas de encontrar con vida a los peones mineros del carbón.

A raíz de esta nueva tragedia que enlutó a un grupo de hogares chilenos, se trasladó de inmediato al mineral argentino de Río Turbio el gobernador, coronel Mario Marshall.
El entonces corresponsal de La Prensa Austral en Puerto Natales, Carlos Vidal, agregaba a su información que los mineros que en principio aparecían como graves, pero vivos, habían fallecido, pese a los esfuerzos médicos realizados. Las lesiones habían sido demasiado graves.
Esta tragedia no era nueva en este mineral, que ya había cobrado numerosas vidas.

Mientras tanto, patrullas de salvataje continuaban trabajando ya que no se descartaba la posibilidad de que otros mineros pudieran estar atrapados al interior del yacimiento.
Un nuevo despacho de nuestro corrresponsal Carlos Vidal en Puerto Natales señalaba que otro chileno había encontrado la muerte en el desastre ocurrido en el mineral El Turbio. Se trataba de Atilio Avendaño Soto, de quien se ignoraban mayores antecedentes y que quedó atrapado en la galería de la Mina 4.

Por su parte, las autoridades argentinas, ante la magnitud de la tragedia, decretaron zona de emergencia el área donde estaba ubicado el mineral.
Esta tragedia conmovió a la opinión pública de Chile y del vecino país, ya que las muertes enlutaron a numerosos hogares natalinos y de Argentina.
Los restos de Vargas, Miranda y Cárcamo fueron los primeros en llegar a Puerto Natales.
A esa fecha este mineral argentino de carbón no ofrecía ninguna seguridad para quienes laboraban sacando las riquezas de sus entrañas.
En esos años Puerto Natales dependía laboralmente de Río Turbio y eran muchos los natalinos que allá se desempeñaban. Por ello la comunidad natalina toda estuvo de duelo. Los fallecidos fueron sepultados el miércoles 14 de mayo. El día anterior se habían vivido escenas de hondo dolor a la llegada de los otros seis cadáveres, de los nueve chilenos muertos. Seis camionetas fiscales argentinas condujeron las urnas con los restos de los infortunados mineros, trayendo al costado de ellas a cuatro mineros cada una, montando guardia junto al féretro del amigo fallecido. Una caravana de alrededor de 50 vehículos acompañó a las camionetas, mientras que cientos de personas se agolparon en el camino con rostros llorosos y tristes para ver pasar los restos mortales de estos mártires natalinos. La caravana con los restos de los seis mineros enfiló hacia la sede del Centro Minero, ubicada en la esquina de Blanco Encalada con Esmeralda, en la capital de Ultima Esperanza. Luego los féretros fueron llevados hasta los que fueron sus domicilios para que estuvieran algunas horas con sus seres queridos.
A las 10 horas del 14 de mayo fueron trasladadas las urnas hasta la parroquia de Puerto Natales para su velatorio público. El entonces alcalde de la comuna, Félix Dillems, fue una de las autoridades que despidió los restos a nombre de la comunidad, en tanto un minero lo hizo en nombre de sus compañeros.

Finalmente, el día de los funerales, como una muestra de adhesión al duelo que afligía a Puerto Natales y al país, el comercio de Ultima Esperanza cerró sus puertas a partir del mediodía.