#8M: ¿Quiénes fueron las putas de San Julián?

Trabajadoras Sexuales de la casa de tolerancia La Catalana del Puerto de San Julián, se negaron a prestar sus servicios a los militares que reprimieron y asesinaron a los peones rurales durante las huelgas en Santa Cruz. Cinco mujeres con escobas, palos e insultos infligieron la más humillante derrota a un regimiento que acababa de fusilar más de mil personas.

La historia

El teniente coronel Varela había autorizado a sus hombres a concurrir al prostíbulo en cuestión como para matar el tiempo mientras esperaban el transporte que los regresaría a Buenos Aires después de la sangrienta tarea represiva cumplida. Así, pues, se le avisó a Paulina Rivera, quien era la propietaria de la “casa de tolerancia” conocida como La Catalana; pero cuando los hombres de armas se arrimaron al sitio la propietaria debió salir para comunicarles la mala nueva de que sus muchachas se negaban a prestar servicio.

Al parecer los soldados tomaron tal decisión como un insulto a la patria e intentaron meterse en el lugar a la fuerza, pero se encontraron con la férrea resistencia de las cinco mujeres que les gritaban “asesinos”, “porquerías”, “con asesinos nosotras no nos acostamos”, “cabrones malparidos”, mientras procedían a correrlos con escobas y palos.

El alboroto hizo que finalmente se acercara la “autoridad”, así que las mujeres y los músicos del lugar terminaron presos.

Según el acta levantada en la comisaría de San Julián, las cinco rebeldes fueron María Juliache, española, soltera y de 28 años; Ángela Fortunato, argentina, casada y de 31; Consuelo García, argentina, soltera y de 21; Amelia Rodríguez, argentina, soltera y de 26, y Maud Foster, inglesa, soltera, de 31 años y “buena familia”.

Las metieron en un calabazo bien chico, les pegaron, les arrojaron agua fría y les quitaron la libreta sanitaria, por lo cual para poder seguir trabajando días después las mujeres debieron marchar hacia Viedma y Ushuaia. Según cuenta Bayer, treinta años más tarde, la Foster regresó a San Julián y se convirtió en madama de La Catalana.